El Nuevo Comienzo…

El “Nuevo Orden” se va abriendo paso…

Aunque no faltaban los que pensaban que esto era un paréntesis que, pronto, concluiría de forma definitiva. La vida siempre estuvo en continuo cambio y, en esta ocasión, el cambio estaba siendo más y más evidente.

Ahora, las personas estamos en duelo, sí, en duelo: muchos por las pérdidas de personas queridas (a las cuales también acompaño en el sentimiento con todo mi amor desde aquí… deseando que el dolor calme pronto… o, al menos, que se encuentre el consuelo para tanto sufrimiento) y, en realidad, todas las personas estamos, o hemos estado, en duelo: al despedirnos de aquello que ya no forma parte de nuestras vidas cotidianas, de aquello que nos era tan familiar pero que, en este momento, ya no forma parte de nuestro día a día.

A veces transitar la más profunda oscuridad nos lleva a reconectar con nuestro auténtico poder personal. Es complicado, a priori, entender estas palabras puesto que  su intensidad y complejidad suponen un reto para la mente, la cual… si no se eleva a un estado de consciencia superior… se queda en lo aparente, sin trascender… haciéndonos sentir, incluso, prisioneros de unas circunstancias limitantes.

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A veces echo de menos a aquel potrito desbocado…

Puede que la influencia de Mercurio retrogradando en Piscis, como dicen los astrólogos, tuviera bastante más relevancia de lo que me pensaba en todo esto que llevaba experimentando hacia, justo, 3 semanas. Resultaba imposible pasar por alto todas las reminiscencias que había estado teniendo a lo largo de todos estos días. Muchas de ellas se me habían colado, con nombres y apellidos de fantasmas del pasado, en mis propios sueños. Y en todas ellas se trataba de mi en diferentes experiencias y episodios de mi vida. Lo impresionante es que algunas transcurrieron hace más de 10 años…

No puedo decir que he tenido una vida precisamente aburrida… todo lo contrario; si se caracterizaba por algo mi experiencia terrestre era por su intensidad. Lo que me llamaba mucho la atención es el hecho de que, desde hacia tres semana,  no paraba de revivir internamente acontecimientos muy concretos de mi vida. Los había revivido como si hubiera viajado en la máquina del tiempo. Sucesos con personas que ya no forman parte de mi vida y que, a día de hoy, no echo en falta. Pero sí es cierto que habían sido personas relevantes por su papel en ciertos acontecimientos que, sin duda, me transformarían para siempre.

No tenía pensado compartir esta página de mi diario como entrada en el blog pero… ¿y si os digo que en medio de este extraño ensueño del pasado me llegué a encontrar con personas de aquella época?, sí, sí, sí… de la manera más fortuita. Y tras conversar con algunas personas últimamente… creo que es algo que no me ha pasado sólo a mi. Algunos las llaman “sincronicidades”, otros “causalidades”, yo he estado a punto de rebautizarlas como “putadas” pero me he decidido por ser más positiva y decorosa y las he definido como “incomodidades oportunas”.

Muchas veces vivimos cosas que una vez pasadas ya no volvemos a caer en ellas y es curioso, porque algunas de esas vivencias supusieron un “antes y un después” en lo que somos a día de hoy y en la forma en la que vemos el mundo y la vida… ahora.

Aquellas primeras personas que conocimos al principio de nuestro camino en solitario por el mundo y que mandaron “bien lejos” (por decirlo finamente) a todo lo que por aquel entonces nosotros consideramos “verdades absolutas”. Todos aquellos momentos se viven tan intensa como fugazmente, no sé si estáis de acuerdo, o no, pero lo curioso es que siempre se recuerdan con un… “parece que fuera ayer” y sí… en ese mismo instante te empiezas a sentir más mayor de lo que te gustaría al verte a ti mismo emplear ese tipo de muletillas literarias más propias de nuestros padres y abuelos pero… es que es la pura verdad. Sin embargo mucho más importante que el paso del tiempo, lo son las pocas veces que volvemos a reparar en ellas… en esas experiencias que tanto nos han marcado; quizá porque revivir la intensidad de aquellas emociones es… literalmente: estremecedora, ¿puede ser?.

Cuando empezamos a caminar solos por el mundo, lejos de las miradas más o menos vigilantes de nuestro “entorno familiar” estamos sedientos de experiencias… deseamos sentir que llegamos a vivir de forma vertiginosa, a cual “potro desbocado”, acontecimientos que acaban siendo desenlaces inesperados y en el 99% de los casos… peligrosos y grandes maestros de vida. Pasamos por esas experiencias quemándonos muchas veces hasta las cejas, pero estamos tan sedientos de emoción y tan llenos de vida… que apenas nos despeinábamos… y si lo hacíamos… nos lamíamos rápidamente las heridas y ya se irían curando por el camino a la siguiente aventura. Inconscientes y alocados… descubrimos lo mejor de la vida… “las primeras veces”, las primeras experiencias… esas que nunca se olvidan y que pocas veces se recuerdan con los años… por miedo a que… al volverlas a sentir… se nos mueva algo más que el peinado.

En todas esas vivencias… hay algo común: nosotros, las personas que dejamos de ser para convertirnos en lo que hoy somos… Y la verdad es que nunca dejamos de ser ese potro desbocado, lo que pasa es que ahora… el potro es más cauto porque siente más la herida que escuece y pica cuando se seca al viento y que, por experiencia, ya sabemos… a veces se infecta y entonces ya entran en juego otros factores de la vida que hemos ido conociendo…

No tememos a la vida, muchas veces tememos a las expectativas, a las ideas creadas por nuestras mentes dictatoriales e inquisitivas, tememos a las emociones que acostumbramos a callar en nuestro interior con el paso de los años y… es por eso que es muy importante mirar de vez en cuando para atrás y recordarnos. Y, sobre todo, es muy importante mirar hacia adentro. Y recordar que… sentir siempre será el mejor guía de viaje, el más leal y el más sabio.

Feliz tarde de domingo.

Espero que os guste, con cariño… RoMa.