El Nuevo Comienzo…

El “Nuevo Orden” se va abriendo paso…

Aunque no faltaban los que pensaban que esto era un paréntesis que, pronto, concluiría de forma definitiva. La vida siempre estuvo en continuo cambio y, en esta ocasión, el cambio estaba siendo más y más evidente.

Ahora, las personas estamos en duelo, sí, en duelo: muchos por las pérdidas de personas queridas (a las cuales también acompaño en el sentimiento con todo mi amor desde aquí… deseando que el dolor calme pronto… o, al menos, que se encuentre el consuelo para tanto sufrimiento) y, en realidad, todas las personas estamos, o hemos estado, en duelo: al despedirnos de aquello que ya no forma parte de nuestras vidas cotidianas, de aquello que nos era tan familiar pero que, en este momento, ya no forma parte de nuestro día a día.

A veces transitar la más profunda oscuridad nos lleva a reconectar con nuestro auténtico poder personal. Es complicado, a priori, entender estas palabras puesto que  su intensidad y complejidad suponen un reto para la mente, la cual… si no se eleva a un estado de consciencia superior… se queda en lo aparente, sin trascender… haciéndonos sentir, incluso, prisioneros de unas circunstancias limitantes.

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HOY, más que nunca, ¡EL AMOR NOS HARÁ LIBRES!.

Hoy he salido a comprar… llevaba diez días sin pisar la calle…

La situación era, cuando menos, particular… nada que no estéis viendo ya por vuestros propios ojos ¡para que hablar!. Cuando te asomas al mundo físico de ahí fuera… te das cuenta de que la situación es tensa, incómoda e, incluso, llega a sobrecogerte…

Cuando bajo a la calle, aprovecho para mirar la fachada de los edificios, a mi alrededor… y experimento la sensación de eco y silencios, murmullos y ruidos leves… y el piar de algunos pajaritos que ¡ya empiezan a celebrar la Primavera!.

Es inevitable pensar en ¡tantas cosas que no son ahora! y que hasta hace unos días… era del todo impensable concebir la vida, del día a día, sin ello: sin las terrazas llenas de gente un día soleado o los niños agarrados de sus madres y padres, con el bocata en la otra mano, mientras se desprenden de las pesadas carteras, llenas de libros, al salir del colegio… En parte, se agradece no escuchar coches… pero cuando caes en cuenta de la razón de esto último… es inevitable (o por lo menos para mi, no sé a vosotros) que se me ponga un nudo en el estómago…

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Tu verdadero deseo, ¿cuál es?.

¿Cuántas veces nos hemos sentido incómodos, tristes e, incluso, terriblemente enfadados ante la frustración de un deseo truncado?. ¿Cuántas veces hemos estado a las puertas de conseguir algo que, pensábamos, era lo mejor que nos podía pasar en ese momento y de forma, aparentemente, inesperada… sucedió algo “echando al traste” todo el esfuerzo?. En ocasiones, nos saboteamos sin entender el porqué y lo más llamativo es que, en el 90% de las ocasiones, ni siquiera nos damos cuenta de nuestro auto-saboteo.

Intentar exponer todos los porqués a este hecho en un post, sería cuanto menos un atrevimiento por mi parte y, no obstante, deseo plantear una reflexión que puede despejarnos muchas dudas y aportarnos claridad, la cual es muy valiosa (por no decir imprescindible) a la hora de comprender el devenir de los acontecimientos vividos.

En uno de estos episodios que yo, como humana, también he experimentado… una serie de preguntas vinieron a mi, a modo de inspiración; lo cierto es que llegaron creándome una considerable incomodidad, por no llamarlo: un creciente malestar. Las cuestiones eran: “¿realmente lo deseaba?, ¿realmente deseaba que aquello se materializara… o era más una idea preconcebida y un “debería” disfrazado y programado por mi sistema, subconsciente, de pensamientos?, ¿había verdadera pasión en ese deseo que finalmente se había truncado o, quizá, se trataba de algo que me aportaría un reconocimiento y una validación externa?, ¿satisfacía mi “falso deseo” ciertas “necesidades” de valoración y pertenencia?, entonces… ¿mis sueños se trataban de deseos más aparentes y superficiales que reales?.

Honestamente, no creo que el ego sea malo, creo que el ego desconectado del valor personal y de la consciencia y coherencia entre lo que soy y lo que hago… sí puede ser un gran saboteador de sueños y deseos verdaderos del ser humano. Ya que el ego que no está en equilibrio se alimenta, en desmedida, de ideas preconcebidas, como son las teorías acerca de “cómo debo-quiero” mostrarme al mundo; muchas de las mismas sin tener en cuenta lo que realmente necesita y desea el propio individuo, en su esencia más auténtica y original.

Básicamente, a veces, carecemos de un deseo auténtico y no es hasta que convertimos la rabia y la frustración en calma y analizamos, con detenimiento, nuestras acciones y la emoción que nos despiertan en pleno proceso… no es hasta que no identificamos la emoción… que podemos estar “dándonos golpes con la misma piedra”.

Por otro lado, he sido testigo de como personas muy capaces, se saboteaban constantemente en sus propósitos, aun, cuando se trataban de auténticos propósitos y deseos. Y esto es debido a que las personas solemos olvidar dos aspectos imprescindibles: los paradigmas y las necesidades. Los paradigmas son ideas, sistemas de creencias programados en nuestro inconsciente, que condicionan constantemente un resultado. Da igual que te repitas, mil veces al día, que: “quieres ser rico”, “encontrar pareja” o “tener la figura soñada”; da igual lo que desees si has llegado a creerte, inconscientemente, que nada de eso es posible. Si en algún momento del camino, te has identificado con una identidad que limita tu deseo, lamento decirte, que vas a sabotearte tantas veces como lo intentes. Tomar consciencia de este hecho, es algo imprescindible y ahorra mucha frustración y sufrimiento innecesarios. Sí, todo es tan fácil como formatear nuestro disco duro y borrar esa memoria que corresponde a una vieja identidad limitante y escribir sobre ella la nueva, la cual hará viable nuestro sueño. Parece fácil, pero esta es, sin duda, la parte más compleja y temida de cualquier proceso. Para cambiar nuestros paradigmas, hacen falta: uno, tener el absoluto deseo de hacerlo y… dos, tomar acción. Y para ello es necesario valor y estar dispuestos a iniciar un viaje que no estará falto de turbulencias, pero que conseguirá que tu sueño deje de ser un idea para convertirse en una realidad fehaciente. Así es.

Un cambio supone: atravesar la incomodidad y, muchas veces, el dolor. Un cambio supone reconocer la causa y origen de los paradigmas limitantes e identificar las necesidades que han estado cubriendo, hasta ese momento. Puede ser que al decirnos que éramos buenos, asociábamos la pobreza a la bondad y esa idea satisficiese nuestra necesidad de autovalidación y reconocimiento como persona íntegra y bondadosa, por ejemplo; puede ser que al decirnos que éramos excesivamente gordos o excesivamente delgados “porque sí”, nos sintiéramos seguros al no llamar la atención de ciertas personas, que pudieran fijarse en nosotros por alguna razón que nos resultara vergonzosa o intimidante;  puede ser que al autodefinirnos como vagos y perezosos hayamos estado evitando tomar responsabilidad con respecto a una situación, la cual sólo dependía de que nosotros nos decidiéramos a trabajar en ella… pero que, de algún modo, enfrentarnos a esa situación suponía un reto y el miedo al fracaso era más grande que nuestra necesidad de satisfacer ese deseo. ¿Puede ser?.

Hay algo que me gustaría señalar especialmente, y es la energía que invierte una persona en un  proceso de cambio. Y mi observación es acerca de lo poco respetuosos que solemos ser con nosotros mismos en esos momentos. Parece que activarnos y tomar acción por el cambio, justifica el hecho de que estemos continuamente bajo un látigo. ¿Realmente es necesario ese látigo?. Desde luego que todo el que haya conseguido un cambio en una condición similar… debe tener muy pocas ganas de plantearse el siguiente reto. Porque, seamos honesto, ¿el fin justifica los medios?. Lamentablemente, cuando la respuesta a esta pregunta es “sí”… suele suceder que, al llegar a la meta, la persona ya ha programado el siguiente reto y no se detiene a celebrar, porque su miedo a volver atrás o a dejar de sentir motivación por algo… se lo impide. ¿Pero somos realmente felices ocupando nuestra agenda minuciosamente para conseguir nuestro deseo?, ¿estamos presentes?, ¿llegamos a tomar consciencia de nuestra evolución, de los tiempos y experiencias que esta supone?. Resulta que la vida es una y  el momento que vives ahora no podrás recuperarlo mañana… ¿puede ser que nos de miedo vivir con todos los sentidos el instante presente?.

¿Qué sucede cuando cierras los ojos?. Las voces… los juicios internos, las opiniones externas, las suposiciones, los “me digo que…”, los miedos, las dudas… . ¿Qué hay en el silencio, qué voz es la tuya y cuál es la certeza que se siente?, ¿dónde esta ahí la vida que estas experimentando y que te regala los segundos contados, que no piensa devolverte?. Cuéntame… ¿dónde estas tú en todos esos pensamientos?.

Esta es una reflexión que ofrezco para dar a conocer el motivo por el que las personas recurren a la meditación. La meditación mejora la sanación física en diferentes procesos; lleva al individuo a sentirse BIEN, plenamente, mejorando la calidad de sus pensamientos y de su experiencia vital. La meditación nos aporta momentos de paz y silencio, los cuales nos aportan claridad y, en ocasiones… sobre todo al principio, nos lleva a conectar, intensamente, con nuestras emociones más ocultas.

¿Cómo lograr sueños si no se está al 100%, si no esta vivo con consciencia y plenitud?, ¿cómo llegar al futuro si no estamos presentes en el aquí y el ahora?, ¿cómo renovar los paradigmas, que nos sabotean, por aquellos que nos encumbrarán y liberarán en nuestro camino… si no sabemos cuáles son y de dónde proceden?.

Yo sólo invito a la reflexión, puesto que creo con certeza, que el ser humano tiene el derecho divino de ser libre. Y no entiendo la libertad desde la esclavitud de los “tienes que…”, “deberías que…”, “eres tal…”, “siempre” o “nunca” etc., de una mente estresada y desconectada del presente. Os propongo algo que una persona un día me propuso y no ha pasado el día que no siga estando agradecida por ello: sustituye el “tengo que…” o el “debo que…” por “QUIERO” y, si en algún momento, te escuchas a ti mismo decir ese QUIERO sin convicción y sin desencadenar en ti un flujo de emociones positivas… te pido que te plantees si esa acción es imprescindible o si se puede idear un plan para sustituirla por otra. Puede que te sorprenda lo que suceda a continuación…

Hasta aquí mi reflexión del día.

Con la mejor energía me despido y… me encantaría tener un “feedback” de ti lector, que tanto valoro y respeto.

Gracias, gracias, gracias infinitas por tu atención y por tu valioso tiempo.

RoMa.

Y si fuera el héroe… tampoco sería libre.

A veces me pregunto cómo sería todo si un día despertáramos sin recordar nada, sin recordar nuestro nombre o nuestra procedencia… Imagino que por un instante sentiríamos desconcierto y puede que nos sintiéramos abrumados e indefensos… o no. Si a nuestro alrededor no hubiera nada, ni nadie, que nos hiciera sentir que es necesario contestar a esas preguntas, ¿realmente sería lo primero que nos plantearíamos?; honestamente, lo dudo.

Está claro que la mente funciona por relaciones y que básicamente nuestra “AUTO-IMAGEN” es la suma de millones de relaciones que hemos establecido con respecto a nuestra persona, nuestra condición física, nuestro entorno y nuestra identidad a lo largo de los años. Y al tiempo, no puedo obviar el hecho de que cuando estamos realmente concentrados en el momento presente, todo esto carece, por unos instantes, de sentido. La acción en sí misma supone enfoque, concentración, consciencia del aquí y del ahora. No hay nada más allá que lo que identificamos de forma inmediata con nuestros sentidos físicos, ni más allá de lo que sentimos, es decir, de las emociones que en esos instantes asumen el protagonismo absoluto como únicos indicadores de nuestra realidad.

La primera vez que escuché hablar sobre la CNV, la Comunicación No Violenta, y sobre la idea que defiende acerca de los absolutos y la observación de los sucesos sin entrar en juicios o valoraciones moralistas… algo me hizo click. Ciertamente basamos nuestra vida en lo que Marshall Rosenberg (el padre de la CNV) denominó JUSTICIA RETRIBUTIVA, y en la contradicción que esta supone. Lo más “llamativo” (digamos llamativo, por no ponernos dramáticos…) de este hecho, es que está presente en nuestra vida desde el mismo momento en el que nacemos y empezamos a relacionarnos con nuestros semejantes, mucho antes incluso de saber hablar con fluidez y acaba siendo el punto de partida desde el que nos hablamos a nosotros mismos y auto-definimos. Y algunos os preguntareis ¿qué es eso de la “justicia retributiva”?, pues bien, es el “malo – feo, bueno – bonito – guapo, premio – castigo”; o lo que es lo mismo: “si eres bueno, te irá bien y tendrás una recompensa y, en cambio, si eres malo… sólo tendrás un castigo y no te irá bien”. Al final la realidad, del día a día, desmiente todo esto. Los buenos no son siempre premiados por otros y es que en realidad tampoco hay buenos ni malos (esto lo iremos viendo). Como Marshall decía: ¿si el héroe mata a los malos, no es tan malo como ellos?. Si os dais cuenta, es una contradicción en sí misma. Tranquilos, de esto y de otros temas relacionados pienso ir hablando, poco a poco, según vayamos avanzando.

A lo que quiero llegar en este punto, es que el uso del lenguaje es ciertamente determinante en cómo entendemos la vida. Al final los juicios son, tan o más, crueles cuando los dirigimos hacia nosotros mismos, ¿o no es así?. Cuántas veces nos juzgamos severamente o nos castigamos de forma desproporcionada. Juzgar nos convierte en víctimas y verdugos, no en personas que experimentan una vida de forma libre y responsable. Hacemos todo lo que hacemos movidos por unas necesidades. Y en realidad, es todo mucho más sencillo de lo que pensamos a priori, o de lo que nos han querido hacernos pensar. Si te sientes bien, es que tus necesidades están satisfechas, si te sientes mal… tus necesidades no lo están. El grado de satisfacción es directamente proporcional al grado de bienestar que experimentes y lo mismo sucede a la inversa.

Si observáramos más y juzgáramos menos, si en vez de entrar en valoraciones fuéramos más responsables con el uso de nuestras palabras… sería mucho más fácil saber qué necesitamos e, incluso, llegar a pedirlo (saber pedirlo) en las ocasiones que fueran necesarias.

Al principio de este post, os hablaba de “estar presentes”, ya que es el primer paso cuando iniciamos el camino hacia nuestro auténtico bienestar. Cuando estamos presentes conectamos con nuestras emociones, con nuestras sensaciones; que son los indicadores naturales con los que hemos nacido para poder sobrevivir. Sinceramente, no creo que vivir estresados, desconectados de nosotros mismos, pueda proporcionarnos salud y felicidad; tampoco creo que una persona que necesita comer vaya a saciar su hambre si no toma acción en su deseo e idea una estrategia para poder cubrir su necesidad. Al final todo se basa en algo: sentir y responsabilidad. Sentir implica, sentir, no desconectarnos con 20.000 pensamientos al día, 100 tareas a la hora y varias sustancias (legales o ilegales) que nos hagan estar en todas partes, menos en el momento presente. Y cuando hablo de sustancias, muchas veces hablo de la propia comida y de cómo desnutrirnos y abusar de nuestro cuerpo, perjudicando gravemente nuestra salud, se convierte en una forma de mantenernos totalmente ausentes,  desconectados de nuestras emociones internas. Sin claridad, decidme: ¿hacia dónde dirigimos nuestra energía, nuestras acción, nuestros pasos?.

Una vida de “pilotos automáticos”, cargada de deberías y “tienes que…” que nos convierten en prisioneros de una existencia que se proyecta continuamente en el pasado o en el futuro, en cualquier lugar… menos en el presente.

El ser humano no es malo, basta ya de juzgarnos, de auto-definirnos de esa manera. Las personas que actúan generando destrucción lo hacen llamados por unas necesidades y para cubrirlas ponen en marcha unas estrategias que, en muchos casos, implican pagar precios muy altos en la relación con ellos mismos o con el resto; de cualquier modo, el mayor afectado siempre es el propio individuo.

El ser humano, es humano y debe equivocarse, esta en su derecho y al tiempo tiene la responsabilidad de asumir, primero, la responsabilidad de satisfacer sus necesidades y, segundo, la responsabilidad de permitir al otro satisfacer las suyas. Eso de la competitividad excluyente, del “yo más que tú”, del “o es para mi o el otro me lo quita” son ideas carentes, ideas preconcebidas sin ninguna base y suponen el verdadero cáncer de nuestra condición humana y de nuestro planeta.

¿ME QUIEREN DECIR QUE EL SER HUMANO QUE HA VIVIDO MILES DE AÑOS, QUE HA CONSEGUIDO CREAR AVIONES QUE CRUZAN OCÉANOS, SATÉLITES QUE LANZAN AL ESPACIO, QUE ERIGE EDIFICIOS DONDE SE POSAN LAS NUBES… NO PUEDE CREAR ESTRATEGIAS DONDE EL EQUILIBRIO SEA UN HECHO Y DONDE EL ABUSO SEA UN RECUERDO?.

Empecemos por ser responsables de nuestras palabras, pues ellas vibran en nuestros pensamientos… y nuestras emociones indican claramente si son constructivas o erráticas… Seamos primero conscientes, estemos primero vivos para poder construir la vida que nosotros y el mundo, realmente merecemos. Tomemos consciencia y asumamos que AQUI Y AHORA nosotros podemos asumir nuestra responsabilidad y la suma de todos, en conjunto, sí puede cambiar el sistema establecido que gobierna (por ahora) este mundo.

Hace algún tiempo escuche una cita que decía: “Cuando la responsabilidad de un acto no es de nadie, entonces quiere decir que es de todos”.

Estemos conscientes, asumamos responsabilidad y tomemos acción.

RoMa.